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Piscis es un signo de agua, tremendamente sensitivo y compasivo, que busca en su experiencia la fusión, la disolución y la entrega. Todo en Piscis parece estar regido por el sentimiento y un gran sentido receptivo emerge en todos sus actos. Impresionable e influenciable, es quizás el más emotivo de todos los signos.
El símbolo de Piscis, dos peces nadando en direcciones opuestas, nos habla de esa naturaleza sin protección, abandonada al fluir. Piscis, como los peces, es escurridizo y escapista, con una gran dificultad en distinguir donde acaba él y donde comienzan los demás, quizás por eso necesita revestirse de escamas vistosas, como actitudes mentales y lógicas para esconder su real sensibilidad y vulnerabilidad.
Piscis es el último signo de agua, el que representaría el mar de nuestras emociones, el inconsciente colectivo del que habla Jung.
En este signo uno suele sentirse poseído, ahogado por ese inconsciente que irrumpe poderosamente en la psique personal y uno siente el dolor y el placer de todos.
Piscis es también un signo de transpersonalidad como Acuario pero de una forma emocional. Es en Piscis donde se puede sentir la máxima compasión y no es de extrañar que sus nativos a veces quieran escaparse de ello. Piscis siente una gran responsabilidad (en el sentido literal de la palabra: la capacidad de responder) en los movimientos emocionales que vive y no siempre es capaz de dar esa respuesta. De ahí su sensación de impotencia que lo hace “hijo” dependiente y escapista. Otra polaridad incluida tambien en el arquetipo es la del cuidador maternal que cree que puede contener todo el dolor del mundo con una actitud prepotente y salvadora.
En Piscis uno necesita encontrar el equilibrio entre esos dos peces y aceptar lo que la vida trae sin evitarlo ni querer modificarlo.