Capricornio es un signo de tierra, quizás el más concreto de todos, que nos habla de realización y de aceptación de los propios límites.
Los nacidos bajo el signo de Capricornio y los que tienen este signo destacado, son constantes, tenaces y pacientes, asumiendo normalmente el papel de hacer algo en la vida que concrete sus aspiraciones.
El tiempo de Capricornio es un tiempo quieto en el que la naturaleza hace su función calladamente, como si estuviera redimiendo todas las exageraciones anteriores. Los capricornianos saben del cumplimiento callado del destino que les toca vivir.
Suele haber un halo de tristeza y seriedad en Capricornio, como si se intuyera la dificultad que el camino entraña, como si se viera la pesada cruz que es la aceptación del trabajo que cada uno tenemos asignado.
Capricornio es la montaña más alta que cad uno puede escalar, es la tierra activa, con algo muy claro para realizar y concretar.
No hablamos aquí de pasiones como en Tauro, ni de ritos cotidianos como en Virgo, en Capricornio uno debe tomar un compromiso y concretarlo. En este signo no podemos perdernos en teorizaciones ni emociones, hemos vivido ya el tercer nacimiento, el de Sagitario y no tenemos otra oportunidad en este ciclo.
Esfuerzo, tenacidad, frustración, deber, compromiso, tradición... son las experiencias necesarias en este signo, no hay autoindulgencias ni complacencias, es el ser humano con toda su capacidad,
Capricornio es un signo sin concesiones, no hay tiempo, solo tenemos esta vida para concretar nuestras aspiraciones y paradójicamente tenemos todo el tiempo del mundo como comprendemos en la vejez en la que en la proximidad a la muerte nos hace ser más sabios y más concretos en el “no hacer”.
El hacer de Capricornio no es para este mundo, como dice Jesús, aunque algunos nativos de este signo lo crean y por ello consigan grandes cosas.
