Cáncer es un signo de sensibilidad, emocional y acuoso, que lleva a sus nativos y a los que tienen este signo destacado a depender sentimentalmente, a crear ambientes de confianza, a estrechar lazos afectivos y a buscar el origen, la raíz de toda expresión emotiva.
En Cáncer siempre se busca el contacto, la familiaridad, la seguridad, como un deseo ancestral de volver al claustro materno que nos daba protección. Esto hace que en este signo la persona sea tremendamente receptiva a cualquier estado de ánimo o sensación emocional y perciba tanto el afecto y la atracción como el rechazo y la indiferencia.
Cáncer es absolutamente fluctuante, dependiendo siempre de la captación emocional del exterior así como de su propio estado de ánimo, lo cual le hace muy vulnerable e instintivo. Para protegerse de esta vulnerabilidad, Cáncer, como el cangrejo que lo simboliza, utiliza siempre una coraza, un caparazón que a veces es incluso mental y frío de forma que no sea evidente su sensibilidad.
Cáncer es el primer signo de agua que surge al sentir vínculos estrechos con los demás y preguntarnos: ¿de dónde venimos?
Aries se pregunta: ¿quién soy? Y Capricornio: ¿a dónde vamos?, pero Cáncer quiere conocer el origen, la pertenencia.
Cáncer es el agua de la fuente, de la que surgen los ríos que van al mar. Aunque en este signo la pertenencia se busca normalmente en la familia y en la madre (la fuente) esto es solo la superficie de la respuesta a la cuestión primordial ya que aunque el agua brote de la fuente tiene el origen en el cielo. El sentido de pertenencia que Cáncer necesita conocer y al que se siente vinculado o dependiente no es únicamente familiar o ancestral sino algo más profundo de lo que los padres (o la madre especialmente) son mera proyección.