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Géminis es un signo de dualidad, de relación, mental y aéreo, que lleva a sus nativos y a los que tienen este signo destacado a interesarse por todo, a querer aprender y comunicarse, reconociendo al otro como parte de uno mismo. Esto les lleva a ser versátiles, inquietos, inestables, elocuentes, con una sombra de duda permanente.
Géminis es sutil y astuto, incluso puede ser tramposo, perdiéndose en su propia telaraña de intereses y avidez de información.
Dada su capacidad de relación, es seductor y encantador, haciendo cualquier papel para conseguir lo que quiere, o lo que cree que quiere, oscilando siempre entre dos formas de vida, dos estados de ánimo, dos personas, etc.
Géminis es la conciencia de que hay “otro” igual a uno mismo, la fusión y el deseo taurino ceden paso a la visión del hermano, la objetividad necesaria para aprender a vivir, por eso Géminis juega y se abre a conocer y experimentar porque hay cosas que no se pueden saber sin el contacto con el otro.
Géminis es la necesidad de comunicación que surge cuando uno tiene las necesidades físicas cubiertas, por eso sigue a Tauro, y en esa comunicación encuentra todas las posibilidades.
El aire es móvil y cambiante, no tiene límites, las ideas son perfectas y no están sujetas a ningún control y es en Géminis donde se aprenden los mecanismos mentales, los lenguajes para la relación. La mítica torre de Babel en la que se hablan todos los idiomas es un claro ejemplo de la versatilidad geminiana, con ella se pretendía llegar al cielo con una ingenuidad propia de este signo que más tarde se volvió ambición y la destruyó. Tenemos ejemplos actuales tan claros como el de las torres gemelas de New York, símbolo inequívoco del poder geminiano destruidas por el fanatismo terrorista que es otro símbolo muy claro del signo opuesto Sagitario.