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Polaridades II

Necesitamos valentía para aceptar nuestra sombra.

      En el anterior post sobre polaridades hemos visto que tenemos zonas de nuestra personalidad que no reconocemos porque las rechazamos. Esas zonas se corresponden con uno de los polos de cada polaridad de la que estamos compuestos. Si aceptamos nuestra ternura, rechazamos su polaridad, la crueldad. Este mecanismo lo utilizamos para protejernos. Creemos que si nos damos cuenta de los momentos en que somos crueles, eso hará que aumente nuestra crueldad cuando, en realidad, se produce el efecto contrario, nuestra crueldad se reduce solo por el hecho de ponerle conciencia. Solo dándonos cuenta de ella le podremos poner límites.

      Así el trabajo con las polaridades, lejos de quedarse en una teoría, se convierte en una herramienta de autoconocimiento. Para ello necesitaremos tener el coraje de ver en nosotros aquello que nos asusta. Aceptando ese polo oculto, que los demás suelen ver con más claridad, nuestra ternura se vuelve más auténtica, más real. Si no acepto mi crueldad, no tengo ningún punto de referencia para saber si mi ternura es verdadera.

Polaridades II

(Del libro “El proceso creativo en la terapia guestáltica” de Joseph Zinker. Ed. Paidós)

Polaridades I

Desconocemos que somos seres completos.

        La teoría de polaridades es una de las columnas de la terapia gestalt. Tiene su origen en la influencia que ejerció sobre Perls el filósofo alemán Salomo Friedlaender y su libro  “Indiferencia creativa”. La visión que nos muestra es que todo fenómeno nace de un punto cero no diferenciado, a partir del que se produce la separación en dos polos complementarios. ¿Pero cómo aplicamos esta idea a la psicología?.

       Si alguien te pregunta cómo eres, dirás una lista de rasgos más o menos extensa según el conocimiento que tengas de tí mismo. Por ejemplo, podrás decir que eres pacífico, constante, ateo, inquieto, etc… ¿Qué estoy diciendo con estas características? Si me defino como pacífico quiere decir que no soy agresivo, si soy constante no soy volátil, si soy ateo no soy creyente. Así hay una parte que no me permito incluir en mi personalidad a cauda del rechazo más o menos pronunciado que me produce verme ese rasgo. Por lo tanto, hay una parte que acepto de mi y otra que no, como refleja el esquema siguiente. El resultado es que no tengo conciencia de ser una persona completa.

Polaridades I

(Del libro “El proceso creativo en la terapia guestáltica” de Joseph Zinker. Ed. Paidós)